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El Maná de la Torá por Dr Ketriel Blad


VaYeshev 9-1

Y se asentó

Génesis 37:1-11

Y sus hermanos le dijeron: ¿Acaso reinarás sobre nosotros? ¿O acaso te enseñorearás sobre nosotros? Y lo odiaron aún más por causa de sus sueños y de sus palabras. 

(Gén. 37:8 LBLA)

¿Por qué tanta lucha entre hermanos?

Los hijos son el reflejo de sus padres. Tanto lo bueno como lo malo de los padres es transmitido a los hijos. La transmisión es biológica, sicológica y espiritual. Los genes, las actitudes y el espíritu que tienen los padres pasan a los hijos. Por esto, esta parashá – división (de la Torá) – empieza diciendo: “Esta es la historia generacional de Yaakov: Yosef…” En los hijos está la historia de los padres.

Las actitudes y la relación que había entre las madres de los doce hijos de Israel se reflejan en los hijos de manera acrecentada. Entre Leá y Rajel había una gran rivalidad, hasta los nombres que pusieron sobre sus hijos refleja esta lucha de poder entre ellas. En ese ambiente de competición y afán de “quién puede más” se criaron los hijos.

Además, el favoritismo que Yaakov mostraba hacia Rajel y Yosef causó la envidia entre los demás. La tensión en la familia era fuerte. Es obvio que la poligamia no es recomendable, aunque fue permitida por la Torá.

Cuando los padres ven defectos en sus hijos no deben culpar a sus hijos por ello, sino revisar sus propias vidas y pedir al Eterno perdón por aquellas cosas que le son desagradables y que han transmitido a sus hijos. Si los padres logran ser libres de estos defectos en sus actitudes y comportamiento, los hijos tendrán más facilidad para abandonar esas cosas, especialmente si los hijos siguen teniendo una relación estrecha con sus padres.

No sabemos cuál era el motivo de Yosef al contar sus sueños, si lo hacía con el espíritu de competición que reinaba entre sus hermanos, o simplemente era porque sus sueños, que venían del cielo, le impactaron tanto que tenía que contarlos a alguien. En el caso de que también estaba contaminado por el espíritu de rivalidad, es obvio que logró ser liberado de él antes de tener los hijos Menashé y Efrayim, los cuales son uno de los mejores ejemplos en las Escrituras de personas que tienen paz entre ellas a pesar de que el menor fue puesto sobre el mayor (48:14). Por eso, cada shabat, el padre pone las manos sobre sus hijos varones y pronuncian la siguiente bendición sobre ellos: Yesimjá Elokim ke-Efráyim ve-ji-Mnashé.  –ישמך אלקים כאפרים וכמנשה.  – Que el Todopoderoso te haga como Efrayim y Menashé. (48:20) Yosef logró romper ese espíritu de competición y lucha que hubo entre sus hermanos, y eso se ve reflejado en sus hijos.

A pesar de esta actitud de lucha, envidia y odio entre hermanos, el Eterno pudo cumplir sus propósitos con esta familia. Sí, es más, utilizó precisamente esta situación para cumplir sus planes divinos y justamente por causa de esta realidad cruel Yosef fue enviado a Egipto con el fin de convertirse en el salvador del mundo y de Israel.

El Eterno es suficientemente grande para utilizar los efectos de nuestro yetser hará – mala inclinación – para cumplir sus propósitos en la tierra. Baruj Hu u-varuj Shemó! – ¡ Bendito sea Él y bendito sea su Nombre!

Que el Eterno nos ayude a transmitir lo que le agrada a nuestros hijos.

Shavua tov,

          Ketriel